Rita y Roque

Rita y Roque se conocían de siempre, se sabían de siempre.

A veces parecían nubes, se agrupaban como nubes o viajaban de un lado a otro como cruzando el cielo, se evaporaban y llovían.

Las tortugas se cansan, que el caparazón les pesa mucho, como a todos y todas.

Volaban nadando y miraban como si fueran viejas, porque las tortugas siempre son viejas.

Las tortugas son muy de sus ideas, por eso Rita y Roque ya no quisieron llegar a su séptimo verano. En verano llegaron, en verano se fueron.

Rita era la de las iniciativas y Roque no podía estar sin Rita.

Las tortugas viajan solas, para encontrarse con sus pares, como siempre…

La videocasetera

En su mano, la bolsa del mercado, esas de plástico de colores que parecen tejidas, ahí metía la videocasetera VHS de Virginia. Después visitaba el videoclub del barrio y alquilaba la película de Beso Francés.

Esperaba el colectivo sentado en el bordillo de la jardinera, bajo la sombra de la bugambilia que plantó su abuelo medio siglo atrás.

Al llegar a su casa (en la periferia), sacaba la videocasetera de la bolsa, la conectaba en su televisión ancestral, le daba al play de la VHS e inmediatamente después presionaba el botón FF, el que adelantaba la película.

Ahí se detenía el tiempo, una pareja caminando de la mano entre viñedos franceses, y de fondo “Le vie en rose” de Louis Armstrong.

En esos tres minutos, la vida tenía todo el sentido y el botón de rewinder, se lo podía regalar una y otra vez.