Los aromas y sonidos

Mi primer empleo fue de ayudante de contador (gestor), hacíamos las cuentas de una guardería de monjas que daba servicio a niños de un barrio llamado “el cerro del cuatro”, en ese entonces bastante marginado -no sé ahora-.

Como era en casa de mi abuelos y mi abuelo era mi “jefe”, por lo general me invitaban a desayunar para después trabajar desde las nueve de la mañana hasta las doce o doce y media porque entraba a la una al bachillerato. Tenía trece años, fue mi primer trabajo, aprendí a hacerlo bien y rápido, así que mi abuelo estaba muy orgulloso de mi. Además conocí la satisfacción de hacer algo, disfrutarlo y ganar un poco de dinero por ello.

Guardo un montón de recuerdos, en especial guardo los aromas de las mañanas en su casa, el aroma de los frijoles infinitos, del patio de luces y su suelo mojado. El aroma del papel de color verde y repleto de filas y columnas para colocar los números de la contabilidad, el aroma a metal del escritorio. Pero también guardo los sonidos, como el de la máqiuna de sumar y a lo lejos el piano a cargo de mi abuelo mientras mi abuela cantaba.

Desde entonces y hasta ahora, he asociado el aroma y el sonido a mis empleos. ¿O puede ser que a todo?
– No lo sé-

Lo he descubierto ayer.

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